viernes, 9 de diciembre de 2011
"No vale la pena"
El relato siguiente tiene mayor importancia que la introducción.
Enjoy!
"Yo no pasé al frente. No pasé. Mi timidez me ganó, por enésima vez. Decidí quedarme en mi lugar, cómoda, sin las miradas, según yo, prejuiciosas de las personas a mi alrededor. No pasé. Aún así, no me quedé sentada. No, eso tampoco. Estaba parada, en la segunda fila, con los ojos cerrados, escuchando atentamente las palabras de esa persona que miraba por segunda vez en mi vida. Pero no pasé a pesar de las convincentes palabras del orador.
Y mientras estaba allí, escuchando la música, a otras personas, escuchaba la risa, el llanto, las palabras de aliento y consuelo dadas a pocos individuos, me uní a la "celebración", lentamente. Comencé a tararear, a cantar, a mover mi cuerpo al compás de la música, comencé a celebrar y a maravillarme con lo que estaba sucediendo en aquel salón en el que había estado cientos de veces ya, pero que hacía algún tiempo había empezado a evitar por dos razones en particular, que no compartiré en este momento porque no se trata de eso esta historia.
Conforme la emoción aumentaba, más gente caminaba hacia adelante (haciendo lo que yo no hice), por lo que los auxiliares, comenzaron a quitar las sillas de la primera fila, la sillas de la segunda fila, dejándome expuesta, fingiendo que había pasado al frente, pero era sólo pretender, porque yo no me había movido, seguía en el mismo lugar, sin sillas a mi alrededor ni gente. Y cuando sentí que las personas se movían cerca mío para remover los asientos de las tercera y cuarta filas, estuve tentada a moverme, a salir corriendo del lugar, porque lo que yo no había hecho en un principio, era, y mi ansiedad estaba elevándose.
Entre abrí los ojos y quise moverme para ayudar a mover las sillas y con esa excusa despedirme y salir, pero no me moví. Cerré nuevamente los ojos, bajé la cabeza. De pronto, mi cuerpo empezó a sentir algo, que mi mente aún no percataba. Mi corazón empezó a latir más rápido, más rápido. Mi cuerpo de un metro sesenta, empezó a experimentar pequeños temblores y la ansiedad se empezó a manifestar. Incluso, sentí la necesidad de derramar un par de lágrimas. Y fue en ese instante que escuché su voz diciendo: "No vale la pena". Hizo una leve pausa y repitió: "No vale la pena".
Mi corazón latía rápidamente, mi necesidad de derramar un par de lágrimas se había convertido en llanto y él seguía repitiendo: "No vale la pena". Todas sus palabras fueron en inglés y por, digámosle, culpa de un tercero que con muy buenas intenciones traducía el mensaje a pesar de que yo lo entendía, partes del mensaje no fueron captadas por mi memoria. Sin embargo, sé que sus siguientes palabras fueron: "No te vendas, no vale la pena". Y así siguió con una frase que decía más o menos así: "Enfócate en Dios, solamente en Dios. Pon tu vista en Dios". Pero lo que más me impactó fue la frase que le siguió: "Estás en peligro de muerte". Que la tengo presente debido a que el traductor se había ido en ese instante, pero regreso él u otro, pero un traductor que evito que el siguiente mensaje se guardara debidamente en mi procesador. Me dijo que a pesar de que yo no me sintiera amada, Dios me amaba. Dios me amaba y eso era lo único que importaba. Dios me amaba, punto.
Para terminar su mensaje, me dijo que lo viera a los ojos, yo lloraba y estaba cabizbaja, levanté la mirada y le vi los ojos. Me dijo que me quería ver la próxima vez que estuviera en la ciudad, yo observaba como una lágrima sincera rodaba por su mejía. Me dijo que sonriera y así lo hice. Él sonrió también. Luego de una pausa, de silencio ( a pesar de que todo el ruido en el salón, en ese instante no escuché nada), él me abrazó. Me abrazó y lloró conmigo, pero esa llanto no era como el primero, éste llanto llevaba consigo una pizca de felicidad. Me abrazó por más de cinco segundos, me abrazó porque sabía que eso era lo que necesitaba. Me miro por última vez y se alejo hablando por el micrófono. Pero antes de dejarme, le pidió a alguien más que me abrazara y estuviera conmigo por más tiempo.
Yo no pasé al frente. Quería hacerlo, pero mi timidez, mi cobardía, me impedían hacerlo. No pasé, pero Él me buscó. Me buscó y me encontró. Estaba allí parada, llena de dudas, inseguridades, miedos, entre otras cosas y Él me encontró y me dijo que no valía la pena quitarme la vida por eso, que lo mirara a los ojos y que recibiera su amor, eso basta.
Pasé un año peleando, huyendo, dudando... Y cuando estaba a punto de sucumbir y de darme por vencida, Él llegó, me habló, lloró conmigo, me abrazó y me aseguró que me amaba. Aún cuando yo no me moví, Él se movió.
Dios, es un Dios de milagros. Él guarda y cumple sus promesas. Fuera de Él, nada (NADA) vale la pena.
Yo no pasé al frente. No pasé. Mas eso no fue impedimento para que Él me hiciera llegar su mensaje."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
If you don't like it, there's no need to be rude... Otherwise I'll remove your comment!