Desde hace varios meses, que ya se convirtieron en años, he tenido en mi cabeza la loca idea de escribir un libro. Tengo la idea, la razón y el concepto. Y hoy escribí el primer capítulo, se los quiero compartir por aquí.
ENJOY!
CAPÍTULO
I
Mientras ordenaba (o desordenaba) su
nueva habitación, Isabella fue encontrando en cada caja que desempacaba
recuerdos de su infancia: sonrisas envueltas en papel periódico, lágrimas
guardadas en pequeños frascos de vidrio, sueños acomodados en pequeñas cajas de
cartón y la esperanza enrollada junto a su alfombra. Su madre le había regalado
la alfombra cuando apenas tenía 8 años. No tenía nada extraordinario, era una
alfombra verde, sin ninguna inscripción, pero su madre le había dicho que era
un artículo de casa esencial.
Isabella, quién había estado
emocionada por al fin tener un apartamento propio lejos de sus padres, estaba
ahora melancólica. Las fotos, los olores, los buenos momentos. Las peleas, los
gritos, las amenazas… Lo había dejado todo atrás, había decidido empezar de
cero, sin embargo estaba comenzando a extrañar lo conocido. La mujer que había
tomado la decisión de dejar la casa de su madre e irse a otro país, se sintió
por un instante como la niña que corría a acurrucarse a la cama de su madre en
noches de tormenta. Suspiró. “No puedes
arrepentirte ahora de la decisión que tomaste, tu mejor que nadie sabes que fue
lo mejor”, pensó para sí y continuó desempacando recuerdos.
Estaba ya por terminar de sacar todas
las cosas de la tercera caja, cuando notó en el fondo un joyero que no le
resultaba conocido. No era de su madre. Ella conocía todos los joyeros,
cosmetiqueras y cajas de su madre, pues jugaba frente a la marquesa probándose
todo lo que podía y maquillándose cuando era pequeña. Dudaba mucho que su padre
la hubiera puesto allí, dado que cuando empacó su papá no llegó a ayudarla. Era
un joyero negro, rectangular, la decoración dorada alrededor parecía hecha a
mano. Cuando lo tomó y lo sacó de la caja, se dio cuenta de que no pesaba. “Probablemente está vacío”, pensó. Lo
abrió.
Para su sorpresa encontró varios
sobres, todos blancos, con su nombre escrito en letra minúscula en color azul y
en la esquina de cada sobre un número.
Supuso que era el orden de las cartas, supuso bien. Sabía que eran para
ella porque su nombre estaba escrito en cada sobre, pero no recordaba haber
recibido cartas y mucho menos empacarlas en un joyero que no reconocía, en la
caja con la etiqueta “baño”. Tampoco reconoció la letra de quien había escrito
su nombre con un lapicero de tinta azul, por lo que procedió a salir de la duda
y abrió el sobre con el número 1 escrito en la esquina inferior derecha.
Desdobló la carta y notó que no tenía
fecha, no empezaba con: “querida Isabella” o “Señorita Isabella” ni siquiera
con “Isabella”. La carta empezaba resolviendo algunas dudas.
Puede
que esta carta te parezca extraña, rara, rídicula o tonta. Te escribo para que
estés consciente de que estamos para guiarte y acompañarte en tu viaje a casa.
Entiende que no dije para guiarte en tu regreso a casa, pues comprendo las
razones por las cuales te fuiste de aquí y emprendiste esta nueva aventura. De
seguro estarás extrañando la casa, a tu mamá, la cocina de tu abuela, la vista
desde la ventana de mi sala y mis galletas, y por supuesto a mí, pero ese
sentimiento es momentáneo, es finito. Se fuerte, se paciente, no va a durar
mucho.
Te
quisiera dar unos pequeños consejos, puedes tomarlos o dejarlos, pero sabes que
es porque te quiero. Guarda tu corazón por sobre todas las cosas, tu vida
depende de ello. No te rindas cuando la situación se torne difícil, y cuando
creas que no puedes más, siempre puedes recurrir a nosotros. Y aunque las
mariposas, las flores y los colores pastel hayan adornado tu cuarto desde que
naciste, no significa que ellas te hagan sentir mejor en todo momento, pero
recuerda las promesas de Dios con cada arcoíris (eso definitivamente te hará
sonreír).
Si
conoces un chico que te haga sentir mariposas en el estómago, ten siempre
presente que ese “amor” no va a satisfacer tu vida ni va a definir quién eres o
lo qué eres, solamente tú tienes derecho a hacerlo.
Por
último mi pequeña Isabella, te recuerdo que, aunque no estemos siempre de
acuerdo, yo siempre estoy de tu lado. Estoy orando por tu vida, por tu mente y
por tu corazón. Se fuerte, se paciente.
Con
amor,
Tu
tía favorita
PD:
Te extrañamos preciosa, la casa no es lo mismo sin ti. Pero hubiera sido
egoísta por parte de cualquiera el intentar detenerte, todos los entendemos, tu
madre lo entiende (yo me encargué de que lo entendiera).

Me gusta, soy tu fan ¿cuando sale el resto?
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