jueves, 12 de enero de 2012

Cartas a Isabella. Capítulo 1


Desde hace varios meses, que ya se convirtieron en años, he tenido en mi cabeza la loca idea de escribir un libro. Tengo la idea, la razón y el concepto. Y hoy escribí el primer capítulo, se los quiero compartir por aquí.

ENJOY!


CAPÍTULO I

Mientras ordenaba (o desordenaba) su nueva habitación, Isabella fue encontrando en cada caja que desempacaba recuerdos de su infancia: sonrisas envueltas en papel periódico, lágrimas guardadas en pequeños frascos de vidrio, sueños acomodados en pequeñas cajas de cartón y la esperanza enrollada junto a su alfombra. Su madre le había regalado la alfombra cuando apenas tenía 8 años. No tenía nada extraordinario, era una alfombra verde, sin ninguna inscripción, pero su madre le había dicho que era un artículo de casa esencial.

Isabella, quién había estado emocionada por al fin tener un apartamento propio lejos de sus padres, estaba ahora melancólica. Las fotos, los olores, los buenos momentos. Las peleas, los gritos, las amenazas… Lo había dejado todo atrás, había decidido empezar de cero, sin embargo estaba comenzando a extrañar lo conocido. La mujer que había tomado la decisión de dejar la casa de su madre e irse a otro país, se sintió por un instante como la niña que corría a acurrucarse a la cama de su madre en noches de tormenta. Suspiró. “No puedes arrepentirte ahora de la decisión que tomaste, tu mejor que nadie sabes que fue lo mejor”, pensó para sí y continuó desempacando recuerdos.

Estaba ya por terminar de sacar todas las cosas de la tercera caja, cuando notó en el fondo un joyero que no le resultaba conocido. No era de su madre. Ella conocía todos los joyeros, cosmetiqueras y cajas de su madre, pues jugaba frente a la marquesa probándose todo lo que podía y maquillándose cuando era pequeña. Dudaba mucho que su padre la hubiera puesto allí, dado que cuando empacó su papá no llegó a ayudarla. Era un joyero negro, rectangular, la decoración dorada alrededor parecía hecha a mano. Cuando lo tomó y lo sacó de la caja, se dio cuenta de que no pesaba. “Probablemente está vacío”, pensó. Lo abrió.

Para su sorpresa encontró varios sobres, todos blancos, con su nombre escrito en letra minúscula en color azul y en la esquina de cada sobre un número.  Supuso que era el orden de las cartas, supuso bien. Sabía que eran para ella porque su nombre estaba escrito en cada sobre, pero no recordaba haber recibido cartas y mucho menos empacarlas en un joyero que no reconocía, en la caja con la etiqueta “baño”. Tampoco reconoció la letra de quien había escrito su nombre con un lapicero de tinta azul, por lo que procedió a salir de la duda y abrió el sobre con el número 1 escrito en la esquina inferior derecha.
Desdobló la carta y notó que no tenía fecha, no empezaba con: “querida Isabella” o “Señorita Isabella” ni siquiera con “Isabella”. La carta empezaba resolviendo algunas dudas.


Puede que esta carta te parezca extraña, rara, rídicula o tonta. Te escribo para que estés consciente de que estamos para guiarte y acompañarte en tu viaje a casa. Entiende que no dije para guiarte en tu regreso a casa, pues comprendo las razones por las cuales te fuiste de aquí y emprendiste esta nueva aventura. De seguro estarás extrañando la casa, a tu mamá, la cocina de tu abuela, la vista desde la ventana de mi sala y mis galletas, y por supuesto a mí, pero ese sentimiento es momentáneo, es finito. Se fuerte, se paciente, no va a durar mucho.

Te quisiera dar unos pequeños consejos, puedes tomarlos o dejarlos, pero sabes que es porque te quiero. Guarda tu corazón por sobre todas las cosas, tu vida depende de ello. No te rindas cuando la situación se torne difícil, y cuando creas que no puedes más, siempre puedes recurrir a nosotros. Y aunque las mariposas, las flores y los colores pastel hayan adornado tu cuarto desde que naciste, no significa que ellas te hagan sentir mejor en todo momento, pero recuerda las promesas de Dios con cada arcoíris (eso definitivamente te hará sonreír).

Si conoces un chico que te haga sentir mariposas en el estómago, ten siempre presente que ese “amor” no va a satisfacer tu vida ni va a definir quién eres o lo qué eres, solamente tú tienes derecho a hacerlo. 

Por último mi pequeña Isabella, te recuerdo que, aunque no estemos siempre de acuerdo, yo siempre estoy de tu lado. Estoy orando por tu vida, por tu mente y por tu corazón. Se fuerte, se paciente.

Con amor,
Tu tía favorita

PD: Te extrañamos preciosa, la casa no es lo mismo sin ti. Pero hubiera sido egoísta por parte de cualquiera el intentar detenerte, todos los entendemos, tu madre lo entiende (yo me encargué de que lo entendiera).

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