Hace unos seis años escribí este poema..
SOY UNA FLOR
Una flor con palabras dulces crece
y con gritos se marchita.
Una flor con caricias tiernas embellece
y con golpes desvanece.
Una flor necesita libertad para sentir el sol,
cuando vive encerrada no queda más que su dolor.
Una flor necesita compañía para hablar de su color,
pero lo que más necesita es una muestra de amor.
Ahora, considérame una flor, la que tú quieras.
Rosa, tulipán, margarita o girasol.
No me grites, que yo entiendo con dulzura.
No me golpees, que yo entiendo con cordura.
No me dejes encerrada que perderé mi color.
No me gusta sola estar, desmuéstrame un poco de amor.
Hay veces que no puedo, siquiera verte a los ojos.
Tengo miedo de ser responsable de la mitad de tus enojos.
He crecido rápidamente aunque no quieras aceptarlo.
Más duro será para ti, cuando me veas volando.
Tienes tiempo para enojarte,
guarda un segundo para amarme.
Te escribe una flor, semilla tuya, con amor.
ESPERO QUE LES GUSTE! =)
jueves, 16 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
siete días...
Hace unos años, exactamente el 02 de octubre de 2007, mi hnito me pidió que le escribiera una historia o un cuento corto, para una tarea que tenía.
Lo que la inspiración me dejó escribir en menos de 10 minutos fue la siguiente historia:
UNA SEMANA
Iba saliendo de la escuela, cuando una Van negra tapo el sol, se abrió la puerta del copiloto, se bajaron dos hombres y lo empujaron a la fuerza a subirse a la parte trasera de la camioneta. Lleva tres días desaparecido. Pero, aquí nadie vio nada, nadie sabe nada.
Hoy es lunes 05 de abril y en las noticias narran con detalles como encontraron el cuerpo y el estado en que encontraron al mismo. José Rubio, de 16 años de edad, fue encontrado esta mañana. Fue reconocido por su cédula y licencia, las cuales se encontraban sobre el cadáver. Este, fue mutilado y al momento del hallazgo, los médicos forenses notaron la faltan de las extremidades, las mismas que fueron encontradas en diferentes partes del terreno baldío, donde una pareja que caminaba por allí vio e informó a la policía sobre el cuerpo.
Los titulares de la tarde informan que el asesino es meticuloso y detallista. Elige sus víctimas cuidadosamente y los tortura sin piedad. En el cuerpo del joven Rubio encontraron frases escritas en su piel y en sus extremidades pequeños poemas psicóticos del asesino.
Los psicólogos forenses nos reunimos con el equipo médico, el departamento de policía y el alcalde, para definir un perfil psicológico, del asesino al que nos enfrentábamos. Nos dimos cuenta que no era la primera vez que atacaba. Hace dos semanas, la pequeña ciudad de Sevilla, había sufrido la pérdida de otro de sus ciudadanos. Un joven universitario, había sido encontrado en el mismo lugar y con las mismas características, aunque en un principio no habían relacionado el caso, porque el del joven universitario se había vinculado con una homicidio pasional.
Pero al observar minuciosamente los detalles y paralelamente los casos, se dedujo que estábamos frente a un asesino en serie.
Esta investigación trajo a colación, que hace un mes, un maestro de la misma escuela a la que asistía el joven Rubio, quien tenía tan solo 25 años, había desaparecido. Pero su cuerpo no fue recuperado, solamente sus extremidades, en las que, como en el caso de Rubio, había escritos.
La razón por la cuál los primeros dos casos no hacía resonancia como el de José Rubio, era porque las familias de los asesinados no querían hacer de su dolor, un elemento público para llenar la páginas de los periódicos amarillistas de Sevilla.
Después de profundizar, observar, analizar, comparar y discutir con los médicos y los detectives, descubrimos algo que llamó nuestra atención. La tres víctimas habían recibido llamadas del mismo número telefónico una semana antes de su desaparición. Los detectives se encargaron de esto, mientras que nosotros, el equipo de psicología forense, armábamos pieza por pieza el rompecabezas del perfil de este asesino en serie que estaba aterrorizando al pequeño pueblo de Sevilla.
No sé porque me sumergí tanto en este caso. Quizá por ser un joven de 24 años, con características similares a las víctimas. Me identifiqué con ellos. Pude sentir su dolor, oía de noche sus gritos, logré ver sus ojos con lágrimas por el dolor. Soñaba sus pesadillas cada noche.
Debí suponer que el identificarme tanto con ellos iba a costarme el caso. Me sacaron, pero no pude quedarme de brazos cruzados, tenía que investigar. Seguir analizando los detalles del caso, para encontrar al autor de tan atroces muertes.
Llevo días caminando por la escuela y la universidad, observando jóvenes que podrían ser la próxima víctima. Conocí a una de las maestras, compañera del maestro desaparecido, maestra titular de José Rubio. Estudiante de la universidad, la misma a donde asistía la segunda víctima. Es una mujer muy hermosa. Ha colaborado bastante conmigo en el caso, me ha dado información sobre José y el maestro. Pero dijo no conocer a la segunda víctima, claro, la universidad es grande. También he entablado una buena relación con la junta directiva, el director, la coordinadora, incluso con la enfermera. Todos han sido bastante colaboradores.
Ayer por la tarde, mientras salía de esta casa de estudios, recibí una llamada a mi celular. Número desconocido, es una mujer. Trato de seguirle la corriente, porque insiste que nos conocimos en un bar. Me describe perfectamente. Me dice que está ansiosa por volverme a ver, que dentro de una semana regresa de un campamento. (Escuchó niños al fondo, molestando, riendo). Espera que la reciba con mucha alegría y me comenta que me tiene una gran sorpresa. Se despide tan amablemente como empezó. Cuelga. Pienso en la voz, sé que la he escuchado antes. Observo el número telefónico una y otra vez. Me resulta muy familiar.
Estoy en mi habitación, recostado en mi cama. Tengo miedo de salir. Acabo de percatarme que tan solo me quedan siete días...
Lo que la inspiración me dejó escribir en menos de 10 minutos fue la siguiente historia:
UNA SEMANA
Iba saliendo de la escuela, cuando una Van negra tapo el sol, se abrió la puerta del copiloto, se bajaron dos hombres y lo empujaron a la fuerza a subirse a la parte trasera de la camioneta. Lleva tres días desaparecido. Pero, aquí nadie vio nada, nadie sabe nada.
Hoy es lunes 05 de abril y en las noticias narran con detalles como encontraron el cuerpo y el estado en que encontraron al mismo. José Rubio, de 16 años de edad, fue encontrado esta mañana. Fue reconocido por su cédula y licencia, las cuales se encontraban sobre el cadáver. Este, fue mutilado y al momento del hallazgo, los médicos forenses notaron la faltan de las extremidades, las mismas que fueron encontradas en diferentes partes del terreno baldío, donde una pareja que caminaba por allí vio e informó a la policía sobre el cuerpo.
Los titulares de la tarde informan que el asesino es meticuloso y detallista. Elige sus víctimas cuidadosamente y los tortura sin piedad. En el cuerpo del joven Rubio encontraron frases escritas en su piel y en sus extremidades pequeños poemas psicóticos del asesino.
Los psicólogos forenses nos reunimos con el equipo médico, el departamento de policía y el alcalde, para definir un perfil psicológico, del asesino al que nos enfrentábamos. Nos dimos cuenta que no era la primera vez que atacaba. Hace dos semanas, la pequeña ciudad de Sevilla, había sufrido la pérdida de otro de sus ciudadanos. Un joven universitario, había sido encontrado en el mismo lugar y con las mismas características, aunque en un principio no habían relacionado el caso, porque el del joven universitario se había vinculado con una homicidio pasional.
Pero al observar minuciosamente los detalles y paralelamente los casos, se dedujo que estábamos frente a un asesino en serie.
Esta investigación trajo a colación, que hace un mes, un maestro de la misma escuela a la que asistía el joven Rubio, quien tenía tan solo 25 años, había desaparecido. Pero su cuerpo no fue recuperado, solamente sus extremidades, en las que, como en el caso de Rubio, había escritos.
La razón por la cuál los primeros dos casos no hacía resonancia como el de José Rubio, era porque las familias de los asesinados no querían hacer de su dolor, un elemento público para llenar la páginas de los periódicos amarillistas de Sevilla.
Después de profundizar, observar, analizar, comparar y discutir con los médicos y los detectives, descubrimos algo que llamó nuestra atención. La tres víctimas habían recibido llamadas del mismo número telefónico una semana antes de su desaparición. Los detectives se encargaron de esto, mientras que nosotros, el equipo de psicología forense, armábamos pieza por pieza el rompecabezas del perfil de este asesino en serie que estaba aterrorizando al pequeño pueblo de Sevilla.
No sé porque me sumergí tanto en este caso. Quizá por ser un joven de 24 años, con características similares a las víctimas. Me identifiqué con ellos. Pude sentir su dolor, oía de noche sus gritos, logré ver sus ojos con lágrimas por el dolor. Soñaba sus pesadillas cada noche.
Debí suponer que el identificarme tanto con ellos iba a costarme el caso. Me sacaron, pero no pude quedarme de brazos cruzados, tenía que investigar. Seguir analizando los detalles del caso, para encontrar al autor de tan atroces muertes.
Llevo días caminando por la escuela y la universidad, observando jóvenes que podrían ser la próxima víctima. Conocí a una de las maestras, compañera del maestro desaparecido, maestra titular de José Rubio. Estudiante de la universidad, la misma a donde asistía la segunda víctima. Es una mujer muy hermosa. Ha colaborado bastante conmigo en el caso, me ha dado información sobre José y el maestro. Pero dijo no conocer a la segunda víctima, claro, la universidad es grande. También he entablado una buena relación con la junta directiva, el director, la coordinadora, incluso con la enfermera. Todos han sido bastante colaboradores.
Ayer por la tarde, mientras salía de esta casa de estudios, recibí una llamada a mi celular. Número desconocido, es una mujer. Trato de seguirle la corriente, porque insiste que nos conocimos en un bar. Me describe perfectamente. Me dice que está ansiosa por volverme a ver, que dentro de una semana regresa de un campamento. (Escuchó niños al fondo, molestando, riendo). Espera que la reciba con mucha alegría y me comenta que me tiene una gran sorpresa. Se despide tan amablemente como empezó. Cuelga. Pienso en la voz, sé que la he escuchado antes. Observo el número telefónico una y otra vez. Me resulta muy familiar.
Estoy en mi habitación, recostado en mi cama. Tengo miedo de salir. Acabo de percatarme que tan solo me quedan siete días...
miércoles, 1 de diciembre de 2010
a song to remember
After watching Evan S. Perry's documentary, I felt like i needed to do something about it.
For the people like Evan, with Bipolar Disorder, depression...
So I wrote "a song to remember". To remember Evan, his family, other families like the Perry.
Here are the lyrics:
A SONG TO REMEMBER
Verse 1
No. Don't know what to say.
Life goes on.
You never get well.
Verse 2
And, yes. The answer he found.
Found it in dead.
Somehow's for the best.
Chorus
He lost himself deep into the sea.
Hope for everyone, to understand.
He was sorry, he is now free.
This cancer was stronger than his mind.
He found peace, pain is ours.
This craziness is mine instead.
written by: me! =)
To honor: Evan Scott Perry and other people who committed suicide, because of a bipolar disorder.
For the people like Evan, with Bipolar Disorder, depression...
So I wrote "a song to remember". To remember Evan, his family, other families like the Perry.
Here are the lyrics:
A SONG TO REMEMBER
Verse 1
No. Don't know what to say.
Life goes on.
You never get well.
Verse 2
And, yes. The answer he found.
Found it in dead.
Somehow's for the best.
Chorus
He lost himself deep into the sea.
Hope for everyone, to understand.
He was sorry, he is now free.
This cancer was stronger than his mind.
He found peace, pain is ours.
This craziness is mine instead.
written by: me! =)
To honor: Evan Scott Perry and other people who committed suicide, because of a bipolar disorder.
the story behind "love"
Recently I saw the Evan Scott Perry's documentary: Boy Interrupted.
"Evan Scott Perry had bipolar disorder. His parents battled to save him from himself. Evan Perry started talking about death even when he was still in kindergarten. His mother, Dana Perry, couldn’t believe her young son Evan could be suicidal. Sometimes, when Evan Perry was enacting the different ways he could be dying, Dana Perry used her camera to take pictures to record proof of his suicidal tendencies.
When Evan Scott Perry was 15, he committed suicide. Perry has asked to be freed from taking his medication for a trial. Perry was secretive as he prepared to die. He typed out his suicide note and finally killed himself."
That's the reason why I support TWLOHA. To help people like Evan. People dealing with depression, suicidal thoughts, self-injury, drug abuse, mental disorders (which are like cancer) and the list goes on.
Two Write Love On Her Arms "began as an attempt to tell a story and a way to help a friend. Today, TWLOHA, is a non-profit movement dedicated to presenting hope and finding help for people struggling with depression, addiction, self-injury and suicide. TWLOHA exists to encourage, inform, inspire and also to invest directly intro treatment and recovery."
I believe that love is the answer. Love is the movement. Because hope is real and help is possible...
If you need help, here is it.
If you want to help, this is the place.
If you want to help, this is the place.
www.twloha.com
Etiquetas:
bipolar disorder,
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hope is real,
love is the movement,
recovery,
treatment,
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two write love on her arms
martes, 30 de noviembre de 2010
nueve mentiras y una verdad...
Han pasado dos semanas y no he parado de llorar. Tengo 21 años. Un año que estoy comenzando. Diez años de golpes, caídas, moretes y cicatrices. Cinco años de sonrisas y lágrimas inocentes y cinco restantes que no quiero ni puedo recordar. He crecido, vivido, madurado y aprendido a base de regaños, amor, paciencia y uno que otro golpe. No puedo decir que he tenido una mala vida, pero tengo que reconocer que el sol no ha brillado lo suficiente sobre este cielo. Solamente de noche, por la oscuridad, las estrellas me han mantenido a salvo.
Viví 18 años de mi vida teniéndole miedo a vivir, a arriesgarme, a gritar, decir y expresar lo que sentía, quería, necesitaba; incluso lo que no me gustaba, lo callaba, reprimía, guardaba o escribía en el pequeño baúl de mis memorias y lo dejaba reposar y llenarse, y acumularse con el pasar de los años. Al resucitar de mi muerte en vida, a causa del dolor, encontré el baúl sumergido en lágrimas, enojos y polvo. Ese día grité, lloré, reí, me enojé y pude ver lo maravilloso de cada una de mis experiencias. Aprendí a criticar (constructivamente), a valorar, a respetar y a amar cada parte y rincón olvidado de mi alma y a aquellos recovecos de mi corazón. De alguna u otra manera aprendí a sonreír sinceramente y no como cuando lo hacía para esconder el dolor. No tuve más miedo de abrir mis alas y volar. De tirarme al agua aún si saber nadar. Empecé a arriesgarme y a tomar decisiones sin preguntarle a alguien. Y aunque no siempre tomaba la correcta, aprendí a que de cada mala dirección, puedo obtener un provecho para seguir creciendo; en lugar de sentirme perdida, llorar y detenerme.
Si conocí el lado brillante de la vida, lleno de colores y sabores. Subidas y bajadas. Admiré con detalle las diferencias, las palpé con la yema de mis dedos. Corrí. Caminé. Era de suponerse que no iba a descubrir solamente los colores brillantes del arco iris. El conocimiento viene en par. Conocemos el blanco y por consiguiente el negro. Lloramos, porque conocemos las sonrisas. Sabemos que hay calor, porque nuestros frágiles cuerpos han sentido el frío recorriendo nuestra médula espinal. Y no existe nada que podamos hacer para evitar esta dualidad de la vida. Pero, que a mi parecer, es la que nos regala un espíritu de aventura y de sorpresa; (que) desde niños empieza a tejer en nosotros un corazón ingenuo y dispuesto, como la capacidad de sorprendernos con cada amanecer ( aunque muchos lo pierden, entierran o guardan, porque ven todos los amaneceres iguales). He sentido el frío y el calor. He llorado y he reído, tanto sola como acompañada. Me he tropezado y caído el mismo número de veces que me he levantado. He peleado con Dios y le he agradecido un millón de veces más (sin ánimos de exagerar). Lo confieso, no ha sido ni tan fácil ni tan difícil, pero ha sido mi vida y la he vivido.
=) Sonrío. Me detengo. Pienso.
Aun así o posiblemente como consecuencia de mis descubrimientos, han pasado dos semanas y no he parado de llorar. Llevo más de un mes con luchas internas (Jykell and Hyde), una semana entera sin comer, tres días con problemas interpersonales y más de 105 dudas acerca de mi pasado, mi niñez, mies miedos e inseguridades, mi eterna necesidad de cariño, mi miedo ha estar sola (o la fascinación por estar sola), mi autoestima ( o la falta de ella), mis deseos, mis impulsos, mis cambios tan drásticos de humor (bipolar como el amor), mis noches en vela (insomnio), mis nulas motivaciones hacia mi carrera, mis cero intenciones de moverme, mi fatiga, mis lágrimas, mis náuseas, el por qué mi piel se eriza con tan solo pensar en recordar (no digamos si llego a recordar). No sé si buscar ayuda o buscar respuestas (o ambas). Aún no entiendo si lo que siento es fabricado por las neuronas que no logran hacer de la manera debida, correcta o adecuada, la sinapsis química o sí mi inconsciente simplemente bloqueó aquello que me hizo daño hace algún tiempo, hace algunos años. No puedo descartar tampoco ( o también) la posibilidad de una mezcla de neuronas defectuosas y de un inconsciente protector.
Una solitaria, pero sincera lágrima recorre mi mejilla. Suspiro. Respiro.
Esta serie de eventos (descubrimientos) inesperados, pero necesarios, han despertado en mi una curiosidad, una certeza insegura y un deseo que no quisiera tener. Las largas horas en vela han, al fin, dado sus frutos. Las más de 300 horas, sentada, escuchando, aprendiendo, reteniendo y analizando, han permitido que mi ingenuo razonamiento haya podido sacar conclusiones. Claramente, bueno, ni tan claro, pero he podido o al menos es mi forma de decir que he querido darle una razón a la lista descrita con anterioridad.
Dos semanas, dos largas semanas, de lágrimas incontables, de desvelos, de pesadillas, de miedos, de inseguridades, al fin cobraron con, digamos, "respuestas". No las esperadas. No. Pero respuestas al fin, las cuales han sido capaces, han sido lo que de cierta forma necesitaba para poder cesar el sin fin de lágrimas que me han dejado seca el alma y vacío el corazón. Respuestas que, de algún u otro modo han regresado el color a mis mejillas y un pequeño intento de sonrisa en mis labios. Respuestas que han logrado incluso más que lo que el litio hubiera hecho con mis débiles neuronas imperfectas y poco funcionales.
Ahora, no queda más que presentarme al mundo nuevamente, con algunos kilos de menos, ojos entreabiertos (por llorar), nuevas fuerzas, una respiración más y un verso menos. Y con la firme y rota convicción de haber sido víctima del inevitable trauma.
Viví 18 años de mi vida teniéndole miedo a vivir, a arriesgarme, a gritar, decir y expresar lo que sentía, quería, necesitaba; incluso lo que no me gustaba, lo callaba, reprimía, guardaba o escribía en el pequeño baúl de mis memorias y lo dejaba reposar y llenarse, y acumularse con el pasar de los años. Al resucitar de mi muerte en vida, a causa del dolor, encontré el baúl sumergido en lágrimas, enojos y polvo. Ese día grité, lloré, reí, me enojé y pude ver lo maravilloso de cada una de mis experiencias. Aprendí a criticar (constructivamente), a valorar, a respetar y a amar cada parte y rincón olvidado de mi alma y a aquellos recovecos de mi corazón. De alguna u otra manera aprendí a sonreír sinceramente y no como cuando lo hacía para esconder el dolor. No tuve más miedo de abrir mis alas y volar. De tirarme al agua aún si saber nadar. Empecé a arriesgarme y a tomar decisiones sin preguntarle a alguien. Y aunque no siempre tomaba la correcta, aprendí a que de cada mala dirección, puedo obtener un provecho para seguir creciendo; en lugar de sentirme perdida, llorar y detenerme.
Si conocí el lado brillante de la vida, lleno de colores y sabores. Subidas y bajadas. Admiré con detalle las diferencias, las palpé con la yema de mis dedos. Corrí. Caminé. Era de suponerse que no iba a descubrir solamente los colores brillantes del arco iris. El conocimiento viene en par. Conocemos el blanco y por consiguiente el negro. Lloramos, porque conocemos las sonrisas. Sabemos que hay calor, porque nuestros frágiles cuerpos han sentido el frío recorriendo nuestra médula espinal. Y no existe nada que podamos hacer para evitar esta dualidad de la vida. Pero, que a mi parecer, es la que nos regala un espíritu de aventura y de sorpresa; (que) desde niños empieza a tejer en nosotros un corazón ingenuo y dispuesto, como la capacidad de sorprendernos con cada amanecer ( aunque muchos lo pierden, entierran o guardan, porque ven todos los amaneceres iguales). He sentido el frío y el calor. He llorado y he reído, tanto sola como acompañada. Me he tropezado y caído el mismo número de veces que me he levantado. He peleado con Dios y le he agradecido un millón de veces más (sin ánimos de exagerar). Lo confieso, no ha sido ni tan fácil ni tan difícil, pero ha sido mi vida y la he vivido.
=) Sonrío. Me detengo. Pienso.
Aun así o posiblemente como consecuencia de mis descubrimientos, han pasado dos semanas y no he parado de llorar. Llevo más de un mes con luchas internas (Jykell and Hyde), una semana entera sin comer, tres días con problemas interpersonales y más de 105 dudas acerca de mi pasado, mi niñez, mies miedos e inseguridades, mi eterna necesidad de cariño, mi miedo ha estar sola (o la fascinación por estar sola), mi autoestima ( o la falta de ella), mis deseos, mis impulsos, mis cambios tan drásticos de humor (bipolar como el amor), mis noches en vela (insomnio), mis nulas motivaciones hacia mi carrera, mis cero intenciones de moverme, mi fatiga, mis lágrimas, mis náuseas, el por qué mi piel se eriza con tan solo pensar en recordar (no digamos si llego a recordar). No sé si buscar ayuda o buscar respuestas (o ambas). Aún no entiendo si lo que siento es fabricado por las neuronas que no logran hacer de la manera debida, correcta o adecuada, la sinapsis química o sí mi inconsciente simplemente bloqueó aquello que me hizo daño hace algún tiempo, hace algunos años. No puedo descartar tampoco ( o también) la posibilidad de una mezcla de neuronas defectuosas y de un inconsciente protector.
Una solitaria, pero sincera lágrima recorre mi mejilla. Suspiro. Respiro.
Esta serie de eventos (descubrimientos) inesperados, pero necesarios, han despertado en mi una curiosidad, una certeza insegura y un deseo que no quisiera tener. Las largas horas en vela han, al fin, dado sus frutos. Las más de 300 horas, sentada, escuchando, aprendiendo, reteniendo y analizando, han permitido que mi ingenuo razonamiento haya podido sacar conclusiones. Claramente, bueno, ni tan claro, pero he podido o al menos es mi forma de decir que he querido darle una razón a la lista descrita con anterioridad.
Dos semanas, dos largas semanas, de lágrimas incontables, de desvelos, de pesadillas, de miedos, de inseguridades, al fin cobraron con, digamos, "respuestas". No las esperadas. No. Pero respuestas al fin, las cuales han sido capaces, han sido lo que de cierta forma necesitaba para poder cesar el sin fin de lágrimas que me han dejado seca el alma y vacío el corazón. Respuestas que, de algún u otro modo han regresado el color a mis mejillas y un pequeño intento de sonrisa en mis labios. Respuestas que han logrado incluso más que lo que el litio hubiera hecho con mis débiles neuronas imperfectas y poco funcionales.
Ahora, no queda más que presentarme al mundo nuevamente, con algunos kilos de menos, ojos entreabiertos (por llorar), nuevas fuerzas, una respiración más y un verso menos. Y con la firme y rota convicción de haber sido víctima del inevitable trauma.
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