CAPÍTULO
III
Isabella
estaba absorta en la lectura de las cartas que no escuchaba
la conmoción afuera de su habitación. Era el primer día de varios
estudiantes en el nuevo campus universitario, por lo que muchos
estaban moviendo cajas, golpeando paredes, martillando clavos para
colgar cuadros, reorganizando los muebles de las habitaciones,
llamando a casa. Pero Isabella estaba completamente ajena al trajín
externo.
Solamente
se re acomodó en su cama cuando sintió que las piernas se le
dormían por lo posición que tenía en el piso. Cogió el siguiente
sobre, lo destapo y saco la carta número 3.
Sentirse
sola a lo largo de la vida, es probablemente un sentimiento que todos
vamos a tener. Sé que estando lejos de casa, aunque estés rodeada
de gente, vas a experimentarlo. Muchas veces podrá ser porque
extrañas los abrazos de tu madre, el poder ir a meterte a su cama,
incluso podrías llegar a extrañar sus regaños. Puedes llegar a
sentirte sola porque el idioma es distinto y va a ver momentos en que
extrañarás tanto hablar español. Mis palabras no son para
desanimarte Isabella, sino que quiero compartirte la mejor manera de
sobrellevar la soledad.
Hace
ya algún tiempo, cuando todavía disfrutabas colorear las paredes de
la habitación de tu madre sin su consentimiento, me sentí sola.
Completamente sola. En
cierto sentido sabía que podía contar con mi familia. Pero no tenía
amigos, no tenía a quien llamar, no podía pensar en alguien que me
acompañara en este proceso. Una serie de eventos desafortunados,
fuera de mi control, habían logrado terminar diferentes relaciones
de amistad. Y todo esto ocurrió en un período de dos meses.
Por
supuesto que lloré. Pero en lugar de tomar cartas en el asunto,
doblé mis rodillas. Oré a Dios y le dije que las personas que el
quería que estuvieran en mi vida, Él las iba a hacer volver. Yo no
iba a hacer nada más que esperar su buena, agradable y perfecta
voluntad. También le dije que las personas que Él no quería que
estuvieran en mi vida, que las quitara. Que aunque podría no estar
de acuerdo, iba a aceptar su voluntad, porque sé que los planes que
tiene Dios para mi vida son mejores que los planes que cree yo misma.
Dios
cumplió y por eso me sentía triste. Mucha gente que era parte
importante de mi vida, relaciones de años, se fueron y se terminaron
las relaciones. Al inicio, no entendía. Lo aceptaba, pero no
entendía. Estaba triste, lloraba, me enojaba. Hasta que un día Dios
habló.
¿Por
qué estás llorando? ¿Por qué sigues buscando llenar ese vacío
con amigos o romance? ¿Acaso no soy Yo suficiente?
Isabella,
después que Dios te dice eso quedas mudo. Completamente sin
palabras. Ese día aprendí lo que Dios me había querido enseñar
durante todo mi vida. Él es suficiente.
Dios
es suficiente para mí. Fuera de Él nada deseo. Y por muy radical
que parezca sé que podría ir por el mundo sin nadie, sin tener
alguien con quien hablar, compartir, soñar, llorar, reír… Porque
Dios es suficiente para mí, con Él puedo hablar, compartir, soñar,
llorar, reír…
Si
alguna vez te sientes sola mi princesa, te hace falta hablar español,
desahogarte, llorar, reír, que te abracen, consientan, den consejos,
lo que sea que necesites, quiero que sepas que Dios es suficiente
para ti. Dios te toma en sus brazos, te abraza y te dice que te ama y
eso es suficiente.
En
Dios encuentras tu valor, eres aceptada, valorada, perdonada, pero
sobre todas las cosas Isabella, eres amada. Y eso, es más que
suficiente.
Por
supuesto que siempre puedes contar con tu mami y conmigo. Estamos
solamente a una llamada de distancia.
Que
Dios sea suficiente para ti,
tu
tía.
Un
suspiro escapó de la boca de Isabella al terminar de leer la carta.
Uno de sus más grandes miedos al cruzar el océano era precisamente
el sentirse sola. No quería dejar lo conocido, la casa de su mamá,
de su abuela, la comodidad de tener a la gente que la ama a la vuelta
de la esquina. Pero supo que aunque habría momentos en los cuales
necesitara refugiarse en la cama de su mamá como lo hacía cuando
era niña, podía refugiarse por completo en los brazos de un Dios
que la amaba. Lo cual, era suficiente.
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